sábado, 24 de febrero de 2007

esto podría ser el final








Cachito a cachito, observo como van recogiendo los pedazos que quedan de mí. Los buitres necesitan alimentarse al fin y al cabo, y puede que mis restos les sirvan para sobrevivir el día. Mi mundo se ha desbordado. El eje invisible que le sostenía se ha roto, y ningún pegamento podría recomponerlo. Los trozos se han esparcido por el vacío, flotan, y no tengo ganas de hacer ese rompecabezas de nuevo - no tengo ganas de vivir - ,.. Posiblemente nadie me recuerde en unas semanas, o tal vez de mí sólo quede un hueco en algún álbum de fotos familiar. La música de mi funeral es demasiado triste, demasiado lenta. Pero contemplo los rostros de los que me rodean, impotencia sí, pero todos saben que lo superarán, que sólo es un obstáculo más por el que saltar. No soy imprescindible para nadie - eso lo sabes bien -. Todo aquello por lo que creía luchar es una causa perdida, una mentira, una hipótesis idealizada en mi cabeza, por mi afán de sentirme viva. Se ha descompuesto y no sé hasta que punto merece volverlo a intentar. El motivo para hacerlo. Quizás sea mejor mantener ese bonito recuerdo que enfrentarse a la realidad, que no tiene por qué ser buena. Oigo cosas preciosas, palabras de aliento. No van dirigidas a mí. Yo sólo soy un bufón con un maquillaje imposible de limpiar. Una sonrisa tatuada que con el paso de los años pasará a ser algo espeluznante, lo presiento. Aún busco esa persona que me entienda, ese alguien en quien apoyarme, lo suficientemente fuerte para soportar mi carga, carga que me pesa a mí y a él. Debajo de mis lentes oscuros se esconde un mar de lágrimas. Al despertar cada día, mis ojos hinchados demuestran que hoy será peor que ayer y mejor que mañana. Pasos de cangrejo que empiezan siempre con el pie izquierdo y acaban cogiendo la velocidad de una comedia cinematográfica de los años 20 - Muda -. Con las cuerdas vocales rotas de gritar. Terror que sólo quien se adentra en lo más profundo de mi mirada conseguirá apreciar. Una procesión en cada párpado pesado con un réquiem por banda sonora, demasiado tétrico para ser verdad. Tengo una fosa cavada en mis ojeras. Demasiadas cadenas que limar. Mordazas invisibles que rodean mi boca, y una vez más demuestran que los peores gritos, son los que no se oyen...










no sabes como te extraño yo sé que nos veremos
en un tiempo más... y ahi en aquel lugar que nosé donde estás
nos quedaremos juntos viendo peliculas de cowboys y nada nos podrá separar
nunca más...

sábado, 10 de febrero de 2007

lagrimas de color negro



He llegado a ver el amanecer en sus ojos. El renacer de un pequeño que espera volver a resurgir de las cenizas de su madurez, de sus experiencias, de sus malas experiencias, para poder convertirse en una gran sonrisa. No está escondida, no la busques, está ahí, pero tal vez sólo es una ilusión óptica. Podrás mirar con lupa cada ápice de su cuerpo y no encontrarás nada en claro, tal vez sus miedos estén escondidos detrás de su pelo. O quizás, los tape con la manga de su camiseta. Y aunque parezca que sólo ve con el ojo derecho, no es cierto, pues con el izquierdo ve más allá, más allá de su pelo, más profundo. Su mirada no se pierde detalle, sólo te engaña. El color negro puede convertirse en un arcoiris con un poco de luz. Hazle brillar y verás su reluciente aura. No está nítida, pues hay mucha confusión, pero sí te calará muy hondo. Es un pequeño gran niño raro. Especial a su modo, especial para ti, pero sólo si quieres verlo. No tapes tus ojos, abre los suyos para poder ver. El aprendizaje, no sólo se encuentra en los libros, también en las personas. Incluso en aquellas que parecen extrañas por querer llevar pintadas de negro las uñas. No ahogarás sus penas en alcohol, no de momento, pero posiblemente verás sus sentimientos evaporarse como el humo, o salir a la superficie detrás de cada calada. Cada diente puede contar más de mil historias. Las expresiones no lo dicen todo, sólo facilitan la comunicación, pero también la enturbian. Él te ayudará a leer entre líneas, si prestas atención. Detrás de unos grandes lentes oscuros, se puede esconder la ventana hacia los sueños. El puente hacia el paraiso, quizás. Interpreta su música, y distinguirás trozos de su corazón en cada nota. Valora lo que vale, pues es lo que demuestra, aunque te pongas una venda conformista en la cabeza. Y, no olvides que, al fin y al cabo, el negro, es el color más elegante.